Cartas de interior (envío)
A pesar de manejarme mal con la incertidumbre, me gusta, no saber esta vez quién va a leer estas líneas. No saber quién está al otro lado permite no escribir bajo las premisas de las conversaciones ya sabidas, las expectativas, lo que quiero en realidad decir pero acabo ocultando bajo algún requiebro del lenguaje.
En cambio, ahora, así está bien.
Hace un día triste, totalmente gris y no ha salido ni un rayo de sol. Ayer era el preludio del verano, todos los balcones de enfrente llenos de vecinos al sol, incluso dormí unos minutos de siesta tras la ventana sintiendo el calor en el rostro, no de la forma en que acabas tapándote los ojos en la playa porque no soportas la luz o la temperatura, sino semisonriendo porque hace mucho de un placer tan simple pero tan valioso. Y hoy ha regresado el invierno. Así dan menos ganas de salir a la calle, dicen. Yo echo de menos la luz, sin embargo. Aunque no vaya a pisar fuera de este piso sin balcones, me quedo con los días alegres incluso si es para estar confinada. Y pienso en palabras como esta, confinada, y tantas otras que apenas había pronunciado y menos experimentado. Aquí dentro, escribiendo una carta como esta, evadida en otras cosas, todo está bien. Ayuda a equilibrar el desasosiego de las noticias, el agobio cuando toca salir, redescubriendo los 100 metros de mi calle a los que se ve reducido mi espacio exterior pero sin posibilidad de disfrutarlo. Regreso a casa preocupada porque todos parecen tener mascarillas más o menos sofisticadas menos yo y al mismo tiempo, según me acerco a la seguridad de mi refugio, me siento un poco feliz por el paseo. No sé ya cómo es la ciudad de la cuesta hacia abajo, hace más de tres semanas que no he vuelto a poner un pie en la Plaza Mayor, ignoro si también en otros barrios se escucharán los pájaros como de pronto sucede en esta avenida. Ojalá que sí. Mis padres me cuentan-vía videollamada- que han aparecido patos en su urbanización. No uno ni dos. Bastantes. Es bonito en cierto modo ese repliegue que vivimos y que da paso a toda esa otra vida que ignoramos (menospreciamos) normalmente. ¿Qué será lo normal cuanto "esto pase"? He perdido la cuenta de las veces que digo esta expresión. Cuando esto pase, oigo en la radio, leo en el whatsapp de un amigo, dice un experto en una rueda de prensa. Lo dice el presidente, incluso.
Se me quema un bizcocho en el horno si no lo saco ya. Todo huele a chocolate de momento y promete. Espero que, otro día, me permitas continuar.
De ventana a ventana,
A.
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