Palmeras
No son estas, en este paraje. Pero son como estas.
No paro de pensar, precisamente porque los planes parecen haber quedado vedados, relegados al espacio del deseo, en paisajes con palmera (s).
Me imagino, nos imagino al fin en una casita por supuesto bonita, por supuesto alejada de miradas, personas, bares y tiendas. Lejos incluso de la playa. Nos veo llegando en un coche pequeño, con poco equipaje y protegidos del sol con sombrero. Con ganas de acercarnos a la tienda que nos quede más a mano, pero atardece y eso siempre gana la partida. Entramos solo para comprobar que es la casa que esperábamos y que está todo bien; que no hay que empezar a llamar (nada más llegar y ya problemas) porque no se enciende la luz, o porque no hay toallas a la vista y los electrodomésticos pasan de nosotros. ¿La wifi? pregunta uno,y al momento piensa que agradece que no haya, está apuntada aquí la contraseña dice el otro (tú o yo, ya veremos) y ambos en voz alta, al tiempo, que ojalá no hubiese conexión después de la que ha caído, todo el santo día conectados y al mismo tiempo cruzando los dedos para que la red no hiciese de las suyas. Que las suyas resultó ser una eficiencia jamás imaginada.
Paseamos por el terreno. Porque lo tiene, claro. Caminitos de tierra y lava entre palmeras, cactus, flores entre las que solo reconozco las buganvillas, muretes de piedra blanca levemente ondulados en esa redondez que tiene mucha de la construcción allí.Es así porque para eso llevaba yo imaginando y pensando esto meses atrás, cuando los planes parecían haber quedado vedados y relegados al espacio del deseo y buscaba ventanitas internautas que fuesen el canal de una imagen soñada.
Todo esto imagino. Y el aroma de la caída de la tarde en verano -huelen distinto las estaciones allá- mientras te miro de reojo para que no te des cuenta de que te miro, así, embobadita, al tiempo que me sonrío para dentro de pura felicidad. Tenemos ante nosotros tantos días llenos tiempo, que aún nos sorprendemos de poder elegir qué hacer con las horas que quedan antes de acabar el día. Meses de caminar 80 metros cuadraros (entre la felicidad por tamaño lujo y la culpa por los que caminan 35), organizar cada día del mismo modo y que aun así no fuesen el mismo, contemplar el mundo vía pantalla y hacer de las cenas de fin de semana (de nuevo pantalla mediante) el acto más feliz de todo ese tiempo; que casi resulta de ciencia ficción ir a cenar fuera o no hacerlo y quedarnos en casa bebiendo vino mientras hacemos la cena y nos metemos mano como adolescentes; saber que visitaremos esta playa o la otra y que la excursión del día será lo larga que nosotros decidamos.
Hoy, 23 de mayo de este año que nadie olvidará, todavía no tengo idea de cuándo esto (o algo parecido) podrá suceder. Por el momento y como cada día desde marzo, contemplaré la grandeza del mundo que cabe en el 2x2 acristalado que es ahora mi horizonte.
En Salamanca, en el día que los coches y las banderas agredieron mi paz.
Todo esto imagino. Y el aroma de la caída de la tarde en verano -huelen distinto las estaciones allá- mientras te miro de reojo para que no te des cuenta de que te miro, así, embobadita, al tiempo que me sonrío para dentro de pura felicidad. Tenemos ante nosotros tantos días llenos tiempo, que aún nos sorprendemos de poder elegir qué hacer con las horas que quedan antes de acabar el día. Meses de caminar 80 metros cuadraros (entre la felicidad por tamaño lujo y la culpa por los que caminan 35), organizar cada día del mismo modo y que aun así no fuesen el mismo, contemplar el mundo vía pantalla y hacer de las cenas de fin de semana (de nuevo pantalla mediante) el acto más feliz de todo ese tiempo; que casi resulta de ciencia ficción ir a cenar fuera o no hacerlo y quedarnos en casa bebiendo vino mientras hacemos la cena y nos metemos mano como adolescentes; saber que visitaremos esta playa o la otra y que la excursión del día será lo larga que nosotros decidamos.
Hoy, 23 de mayo de este año que nadie olvidará, todavía no tengo idea de cuándo esto (o algo parecido) podrá suceder. Por el momento y como cada día desde marzo, contemplaré la grandeza del mundo que cabe en el 2x2 acristalado que es ahora mi horizonte.
En Salamanca, en el día que los coches y las banderas agredieron mi paz.

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